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sábado, 17 de octubre de 2009

Fui testigo de Jehová por 13 años


Fui de testigos de Jehová por 13 años, en mi ceguera, creía ser un diamante valioso -la "verdad" de los testigos de Jehová- le di un martillazo, y ¡zas!... ¡falso! ¡Qué desilusión! .

Por Antonio Carrera

Mis queridos lectores: Pido a Dios que nunca tengan que sufrir el desengaño que yo experimenté al descubrir la falsedad de los testigos de Jehová. Le doy gracias a Dios por su bondad y misericordia, ya que me salvó de hundirme en el ateísmo, como les suele suceder a casi todos los que abandonan la secta de "La Atalaya


Mi desengaño como testigo de Jehová.

Yo, que viví en la Iglesia Católica durante 28 años, y después fui enemigo enconado de ella, he vuelto al seno de la misma. Soy católico, y deseo reparar de alguna manera el daño que hice, escribiendo para alejar a las ovejas del redil de Cristo, contra los falsos profetas llamados testigos de Jehová.

Permanecí 13 años encadenado a la secta y ocupé en la misma altos cargos como dirigente. Entre otros, fui miembro del Comité de la Congregación, superintendente del campo, siervo de la escuela, conferenciante en Bilbao, Durango, Munguía, Guernica, Barcelona, Eibar, San Sebastián, Irún, Pamplona, Burgos, Santander... Organizador de asambleas y orador en las mismas.


Debido a mi carácter entusiasta y celo propagandístico a favor de los testigos, he visitado miles de hogares predicando las falsas enseñanzas de la secta y haciendo proselitismo. Prácticamente he dedicado toda mi vida, durante los 13 años con ellos, pues solamente en concepto de predicar, empleé 3,542 horas, les vendí 570 libros, 580 folletos y 3,700 revistas. Y ¿cuántas personas he captado para la secta? Más podría añadir, pero falta espacio.



Cómo lo hacen a uno "testigo"

Mi caso es parecido a miles de otros que se hicieron testigos. Yo vivía mi existencia normal como católico, con mi esposa y nuestro primer hijo -hoy tenemos tres, Agustín, Noé y Andrés. Esto sucedió en 1961, teniendo yo 28 años, la edad de las inquietudes religiosas. De ese tiempo en adelante, los testigos de Jehová son novedad y noticia en España, y como cualquier cosa nueva, atraen la curiosidad, en especial de personas sencillas y carentes de formación religiosa e intelectual.

En el anzuelo de "La Atalaya" "pican" tres clases de personas: los muy ignorantes, que son la mayoría. Otros que, no siéndolo tanto, son personas inclinadas a lo espiritual, curiosas -como yo- y esto los lleva a experimentar lo novedoso. Los del tercer grupo, yo los denomino "los panzas", estos son los que entran en la Organización esperando sacar algún beneficio.




El primer contacto con los "testigos" suele ser deslumbrador. Te ofrecen ingresar en un grupo en el cual -según ellos- todas las personas son excelentes, bondadosas y amorosas en grado máximo. Las primeras visitas a sus reuniones te aturden con tanto saludo y amabilidades; pero esto dura poco tiempo: después nadie se preocupa de uno, excepto para vigilarlo si falla a las reuniones, o si no sale con frecuencia a visitar los hogares para venderles su literatura. Te ofrecen la salvación por Dios y vivir eternamente en esta tierra, hecha un paraíso después del fin del mundo, que será de un día para otro, aunque lleven 100 años anunciándolo. Entonces, la tierra disfrutará de paz, sin enfermedad ni cementerios, pues nadie morirá. Pero, claro, nadie podrá salvarse... a excepción de los que se hagan testigos de Jehová.

Desde el principio te llenarán la casa de libros, folletos y revistas -cobrándotelos, naturalmente- con las ideas de la secta. Un miembro de la misma te instruirá semanalmente, y ya no te soltarán. El lavado de cerebro que te hacen hará que aceptes lo más disparatado, como dejar morir a un familiar antes que ponerle una transfusión de sangre. Te inculcan odio contra toda religión y gobierno, y esto les acarrea un sin fin de problemas. También rompen con amistades y familiares, y esto hace que se adhieran más al grupo y se fanaticen.




En las cinco horas de reunión semanal, aparte de lo que estudies en casa, te inculcarán predicar más y más, y vender sus libros, ya que el fin del mundo está cerca, y se salvarán solamente los que hagan mucho trabajo a favor de la secta. Y para que llegues a creer todo esto, ponen de "cebo" la Palabra de Dios, la Biblia de ellos, falsificada y mal interpretada.

Esto que a ti, querido lector, te parecerá infantil y sin razón, tiene efecto real en mentes sencillas. Yo, 13 años estuvo encadenado y esclavo de esta organización diabólica, sin voluntad para ver o entender otra cosa que no fuera lo que dimana de ellos, " los testigos".




Desenmascarando a los Testigos de Jehová como falsos profetas
Jesús, nuestro Señor y Salvador ya nos advirtió con estas palabras: Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con piel de oveja, pero por dentro son lobos voraces. Y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos. (Mt 7, 15 y 24). ¿Quiénes pueden ser estos profetas falsos y engañadores? Yo probaré que lo son los llamados testigos de Jehová.

Ellos alardean de ser eso, profetas (ver La Atalaya 1962/212/ 15). Y que son falsos, lo podemos comprobar leyendo, en sus mismos libros de años atrás, en los que anunciaron, en el nombre de Dios, acontecimientos que NO se han cumplido. Pero llegan al colmo de la presunción al asegurar que ellos, los dirigentes de la secta, son iluminados por Dios, y ven la verdad con exacta armonía, que Dios les permite entender la verdad (Profecía pág. 199-225) y que las páginas de su revista La Atalaya están revelada por Dios. (Los Testigos de Jehová en el propósito de Dios, pág. 22). Y la barbaridad más grande dicha por los jefes testigos, es que no se puede entender la Biblia si antes no leemos los libros de la "Torre" (Ver La Atalaya, Sept. 15 de 1910).

Antes de pasar a analizar sus muchos cambios, errores e incumplimientos de sus profecías, hay que advertir que los testigos sí intentan justificarse. Por supuesto, nunca dicen nos hemos equivocado, o lo que anunciamos es falso porque no se cumplió. No, porque al haber afirmado que fue Dios quien lo reveló, tendrían que admitir que es Dios el equivocado. Por eso suelen decir que Dios les está dando cada día más luz y entendimiento, y que la revelación les viene progresivamente. Pero si razonamos, comprenderemos que una cosa es revelación progresiva y otra muy distinta es revelación contradictoria. Una cosa es aumento de luz, y otra que nos cambien el foco. Además, ningún profeta usado por Dios tuvo que rectificar por haberse equivocado, ni recibió la luz a plazos.



La segunda venida de Cristo

Primero creyeron que Cristo había vuelto en 1874, pero de forma invisible. Después anunciaron que para 1914 vendría en persona, corporalmente. Observen cómo lo dijeron en 1899: El Plan Divino de las Edades, pág 88, Estudio VI, bajo el título: La Vuelta de Nuestro Señor, su objeto, la Restauración de Todas las Cosas. El primer subtítulo del capítulo dice así: El Segundo Advenimiento personal y Premilenario de Nuestro Señor. La palabra personal en el original aparece con mayúsculas. Como sabemos, Cristo no llegó en 1914. Pero hoy, en su literatura, enseñan que sí volvió, pero espiritualmente, de forma invisible. ¿Qué les parece? Ustedes están en el aeropuerto esperando un familiar y, tras comprobar que no llegó, alguien pretende hacerles creer que sí, que ha llegado, pero espiritualmente, y que ya no lo pueden ver. La mentira siempre se pretende tapar con otra mentira.



El fin del mundo ¿cuándo?

Cuando Cristo estuvo en la tierra dijo que permaneciéramos vigilantes, precisamente porque nadie podrá saber cuándo llegará El, y cuándo será el fin del mundo. Este acontecimiento, sólo conocido por Dios, los testigos lo han profetizado para varias fechas y, naturalmente, en todas han fallado. Han dado 1799, 1874, 1914, 1915, 1918, 1925, 1975.



La caída del Papado ocurrirá en 1914
En Estudio de las Escrituras, de 1889, segunda serie, página 356, profetizaron: la extinción total de esta jerarquía falsa -el Papado- próxima a la terminación del Día de la Ira... que terminará... con el año 1914. Como vemos, el Papado sigue en pie, y los profetas de La Atalaya han fallado.



Resucitarán los Patriarcas en 1925


Este es uno más de los errores mayúsculos de estos falsos profetas. En La Atalaya de 1954, pág. 251/33 dicen así: Nosotros los del resto solíamos pensar que antes, o en el Harmagedón, sería necesario que Jehová-Dios levantara de entre los muertos la nube grande de testigos de tiempo antiguos, los príncipes (calculando que serían sólo 70 en total) para fortalecer a los del resto.

También en el libro Millones que ahora viven nunca morirán, págs. 88-89 y 90-97, dijeron: Abraham Isaac y Jacob y los fieles resucitarán... podemos suponer confiadamente que 1925 marcará el regreso de Abraham, Isaac y Jacob, y de los fieles profetas de antaño.

A tal grado creyeron esto, que construyeron una hermosa mansión para alojar a los patriarcas resucitados, no en Palestina, donde murieron, sino en California (EUA). El costo fue de aproximadamente 50.000.000 de pesetas actuales. Este tema lo trato en mi libro El fraude del fin del mundo.



Los Judíos nunca volverían a ser nación en Palestina

Desde 1879 hasta 1912 enseñaron como verdad de Dios que los judíos sí regresarían a Palestina, y que esto seria una más de las pruebas del fin del mundo. Desde 1932, y usando siempre a Dios como el revelador de estas "verdades" o "profecías", enseñan que no, que los judíos no serían nación en Palestina. La profecía ha resultado falsa, ya que los judíos sí están en Palestina, y sí son nación, y muy poderosa.



Fin del mundo para 1975

El dar fechas parece constituir en los testigos una enfermedad. Por eso, desde 1967, comenzaron a lanzar otra nueva fecha para el fin del mundo o, como dicen ahora, fin del sistema de cosas.

Aseguraron que en la década 1970-1980, sin falta, vendría el nuevo mundo, y Dios destruiría a todos los inicuos de esta tierra. Más aún, esperaban este acontecimiento para mediados de la década de los setenta, precisamente para 1975. Veamos cómo lo dicen en su libro Vida eterna en "Libertad de los hijos de Dios", página 29: Según esta cronología bíblica fidedigna (la de los testigos), 6.000 años desde la creación del hombre terminarán en 1975, y el séptimo período de mil años de la historia humana comenzará en el otoño de 1975. E.C..


Aquí tenemos que, si el milenio tenía que comenzar en 1975, antes tenía que haber llegado el fin. Así se lee en su libro: Asegúrese.... pág. 443: Reinado de mil años de Cristo, precedido por destrucción de todos los Inicuos de la tierra. Y en la revista Despertad, del 22 de abril de 1972, pág. 26, dicen:... a mediados de los años setenta hay una conmovedora esperanza de un magnifico alivio. Justamente 1975.


Lo dicho y más, califica a los testigos de Jehová como falsos profetas.


Cómo descubrí la falsedad y salí de la secta

La Divina Providencia tiene caminos que los humanos no podemos conocer. Y siempre daré gracias a Dios por haber descubierto el engaño y haberme liberado de tal atadura. Después de estar 13 años en posesión de lo que yo, en mi ceguera, creía ser un diamante valioso -la "verdad" de los testigos de Jehová- le di un martillazo, y ¡zas!... ¡falso! ¡Qué desilusión! y qué dolorosa fue esta experiencia.! Quedé vacío espiritualmente, y estuve 4 meses enfermo. Entre los que vieron el engaño y abandonaron la secta conmigo, están mi esposa e hijos, mi hermano Abel, con su familia, y otros.

Sucedió así: tuve una charla amistosa con un testigo de años en la secta, y criticó las enseñanzas de la misma. Me dijo que si yo pudiera leer libros antiguos de la Organización, que ya no editan, podría comprobar una multitud de cambios y errores en sus enseñanzas, las cuales, según ellos, están inspiradas por Dios. Esto me puso en graves dudas, dudas que se confirmaron al examinar por mí mismo siete libros antiguos, del año 1918, que por casualidad cayeron en mis manos.

Ya decidido a cortar con los testigos , quise comunicar mi descubrimiento y las razones para dejarlos, pero no me dejaron hablar. Y sin concederme una oportunidad para retractarme, me expulsaron, acusándome falsamente de sectarismo. Han prohibido a todos los miembros hablarme, con la amenaza de ser ellos también expulsados. De hecho ya han excomulgado a dos por el solo hecho de hablarme.


Ahora soy catolico y doy gracias a Dios por conocer y vivir en la verdad.

Fuente : defiendetufe.org

Del Mormonismo al Cristianismo


Mormona sin saber por que. Aunque parezca increible, esa fue mi realidad.


Del Mormonismo al Cristianismo
Nací dividida entre dos creencias, por parte de la familia de mi padre son católicos y por parte de mi mamá, mormones. Ellos por muchos años no estuvieron casados por la Iglesia ya que se les había ordenado por parte de mi abuela materna que tenían que contraer matrimonio sólo por la secta mormona para ella poder dar su consentimiento, lo cual ellos no aceptaron y su enlace sólo fue civil. Cuando nacemos primero yo y después mi hermana menor, nunca recibimos el bautismo.

Principalmente yo (que siempre habia sido muy curiosa) iba un domingo a la parroquia con mi abuela paterna y otro domingo a la secta mormona y siendo niña observaba grandes diferencias en cuanto a la celebración, el tiempo de duración, lo que hacían, cómo se vestían y comportaban... en fin. A la edad de 8 años fueron unos misioneros mormones a mi casa (aunque yo no saíba ni quienes éran) y me preguntaron si queria bautizarme, yo muy contenta acepté pensando que iba a pasar por el ritual de la santa Iglesia católica, pero me equivoqué y empezaron a darme mi preparación sobre quien fundó la "iglesia verdadera" segun ellos hasta que se llegó el tiempo de mi bautizo.

Haciendo crecer el mormonismo.

Cabe decir que mi abuela materna estaba por demás, contenta y feliz, ya que yo era la primera de sus nietos que encontraba la "verdad". Puedo decirles que fueron muy pocas las ocasiones en las que asistí con mi familia cada domingo a las celebraciones porque se me hacía injusto que una niña se quedara sin ver su programa favorito, además de que yo no entendía nada de lo que me decían. Pasaron los años y fue de los 14 a los 16 años que tomé una época muy fuerte dentro de la secta, ya que me dí a la tarea de confundir cristianos haciendolos dudar de su fé; aunque en realidad yo no creía mucho en la mía pero era una gran satisfacción sentir que yo tenía el poder de convencimiento para convertirlos al mormonismo, ya que era eso lo que me inculcaban y yo pensaba y creía que así tenía que ser.

Descubriendo a Jesucristo y la fe verdadera

Pero Dios me tenía preparada una sorpresa y me envió un fuertísimo mensaje con la señora que es hoy día mi madrina de bautizo, comparando nuestras biblias ví una gran diferencia de citas y faltante de libros canónicos y mi arma favorita era el libro de mormón, pero como ella decía; no soy una persona estudiada ni en la fé ni en la escuela pero lo que si sé es que ese libro que tu traes, no es verdadero. A partir de ahí nació en mi la inquietud de preguntar a la jerarquia de la secta el porqué me decían que estoy mal, hubo un tiempo breve en que lo lograron pero despertó nuevamente y comenzé a informarme, a leer, a buscar y más que todo, a observar.

El hecho de que me dijeran que cuando tuviera edad casadera tendría que quedarme con un ex-misionero, me hizo pensar que ellos estaban dirigiendo mi vida, lo cuál yo no permito ni permitiré jamás. Un buen dia mi madrina me invitó a una oración de señoras y era el tiempo de Resurección lo cual yo no tenia ni la más mínima idea de lo que trataba ya que yo siempre pensé que Jesús estaba muerto, las señoras me explicaron muy amablemente lo que era e hicieron una oración por mi... Jamás había sentido hasta ese momento tanta paz en mi vida. Desde ese día me sentí con más fuerza para poder hablar de frente a mi dirigente de seminario y decirle que ya no volvería nunca más a ir con ellos, lo cual le ocasionó muchísima tristeza. Mis padres con mucho gusto aceptaron mi decisión y me respetaron en todo momento.

Me siento feliz sirviendo a Dios en la Iglesia que él fundó.

En vano los mormones trataron de hacerme cambiar de opinión ya que fueron varias ocasiones a mi casa con la intención de hacerme regresar, cosa que jamás lograron. Ya para finalizar les comento que al año siguiente me bautizé e hice mi Primera Comunión por obra y gracia de Dios el día de Santa María Goretti en la capillita que lleva su nombre y al año siguiente en enero recibí mi confirmación, unos años después mi hermana menor se bautizó en la misma capillita y hace un año finalmente mis padres recibieron el sagrado sacramento del matrimonio al cumplir los 25 años de casados. Les comparto con muchísimo gusto esta experiencia de mi vida, la cual me hace sentirme feliz porque aún en estos dias y con 25 años de vida, sirvo a Dios en un grupo parroquial para ayudar en la construcción de Su Reinio aquí en la tierra.

MORMONA A CATOLICA

MORMONA A CATOLICA:

Buen dia a todos y que la paz de Xto y María estén con todos ustedes.

Quisiera aprovechar este espacio para platicarles brevemente de cómo fue mi conversion al catolicismo hace ya 10 años.

Comienzo por decir que cuando mis papás se casaron, no lo hicieron por ninguna religión ya que por parte de mi mamá, todos eran mormones y por parte de mi papá eran católicos, asi que se tornó la situación un tanto complicada y decidieron unirse sólamente por el civil. Cuando nacemos tanto mi hermana menor como yo, nunca fuimos bautizadas y crecimos en un ambiente en el que nuestras abuelas un domingo me llevaban a una parroquia o a un templo mormón. A la edad de 8 años llegan unos jóvenes a mi casa (misioneros) y me preguntan que si quiero bautizarme, yo encantadísima de la vida les dije que sí pero nunca me dijeron a qué religión me iba yo a unir y mi mamá no tuvo la valentía de decidir por mi; cuando ella ya finalmente me explicó la forma en que me iban a bautizar y a que religión iba yo a entrar me asusté, pero era más mi temor al rechazo de mi abuela materna (que era mormona) y por esa razón decidí seguir adelante.

Nunca fui muchos domingos a la capilla y dejé de asistir por un buen tiempo hasta que a la edad de 14 años me volvieron a invitar pero en esta ocasión lo hicieron los adolescentes y jóvenes que estaban ahi. Para mí resultó muy atractivo el ver tantos chicos de mi edad participando en actividades deportivas que realizan (las conferencias lamanitas por ejemplo) y ese fue un gancho muy fuerte para mi. Tengo que ser honesta y decirles que yo creía ciegamente en lo que me decían, yo sentía que éramos gente elegida porque así nos lo hacían saber y sentir y para ellos no existe nadie más fuera de José Smith y para mi era un orgullo el poder confundir a mis compañeras de clase que eran todas católicas y hacerles creer que la Virgen ni siquiera fué Virgen y tratar de inculcarles mi creencia. Pero Dios me tenía preparada una sorpresa.

Al recordar las primeras enseñanzas de los élderes, vino a mi memoria el hecho de que Dios Padre y Dios Hijo se aparecieron a José Smith en una columna de luz y hablaron con él, pero como éra posible que ese hombre tan igual como todos nosotros pudiera haber visto la cara del Padre sin morir?? Al preguntarle a mis dirigentes lo que me contestaban era que si alguien me estaba influenciando para que yo no creyera más en su fé y de hecho ellos jamás pudieron contestarme a esa pregunta, su respuesta fue de lo más escueta y carente de todo sentido y verdad: porque él era elegido. Fui con mi abuela que era creyente al 100% y tampoco pudo contestarme. De ahi nació en mi una sed grandísima por conocer al Dios verdadero y empezé a comparar la Biblia contra la biblia que manejan ellos y encontré muchas diferencias.

Un día estando en la escuela en período de exámenes, mis compañeras me invitaron a ir con ellas a una parroquia que está cerca a la institución. Al principio me negué con miles de excusas pero lo que no estaba en mi plan, estaba en el de Dios, así que fui con ellas. Al llegar a la parroquia me dió un miedo inexplicable y dudé en entrar pero reuní valor y lo hice... Jamás habia experimentado una paz tan grande como la que ahí sentí, sin saber porqué me puse a llorar y le pedí a Dios que me diera la oportunidad de conocerlo a El y de conocer a su madre a la que por tanto tiempo ataqué sin razón. Para gloria de Dios, un año después me estaba bautizando y haciendo mi Primera Comunión, al año siguiente me confirmé y desde entonces Dios me ha tenido a su servicio como la última de sus hijas, felizmente también les comparto que después de mí, mi hermana menor se bautizó también y después de 25 años de casados, pude finalmente casar a mis padres por la Iglesia.

A lo largo de mi caminar he tenido muchas caídas, pero sé que El no me cuenta cuantas veces me he caído, sino cuantas veces me he levantado y apoyándome en su mano. Para mis hermanos mormones, espero que no tomen esto como una ofensa porque no lo es, antes los invito a que escudriñen realmente las bases de su secta y que el Espíritu Santo les envíe luz para que puedan ver con los ojos del espíritu y saber en donde se encuentran.

Ojalá que este humilde testimonio sirva para dar aliento a otras personas que piensan abandonar la Iglesia universal, antes de que los confundan: lean, busquen, infórmense y verán que es la Iglesia que Xto dejó antes de ascender a los cielos.

Con el amor de Jesús y María:

Rut Noemí

Fuente:
Catholic.net

SORPRENDIDO POR LA VERDAD:FERNANDO CASANOVA

Cruzando las fronteras de la fe
Durante la última semana de marzo de 2002, el canal 2 de Telemundo en Puerto Rico comenzó la promoción de una serie de reportajes especiales sobre un caso insólito: «Fernando Casanova, un ex ministro evangélico que renunció para entrar a la Iglesia Católica se confiesa en la serie: “Cruzando las fronteras de la fe”.»

El reportaje acaparó la atención de la mayoría de los telespectadores desde el 2 hasta el 8 de abril de ese año. Lo que parecía ser una cuestión de conciencia de un individuo se convirtió en un acontecimiento discutido por muchísima gente en Puerto Rico.

Lo que llamó la atención fue que de ordinario las conversiones o los cambios de afiliación religiosa se dan a la inversa, por lo general son los católicos los que se hacen protestantes o se cambian a las sectas o incluso a otras religiones. Pero lo que terminó por desconcertar a muchísimas personas de todas las creencias fue que este Fernando Casanova que ahora testificaba públicamente su adhesión al catolicismo, había sido Ministro Licenciado Ordenado, evangelista y pastor de una importante denominación pentecostal. Los pentecostales suelen ser de los más anticatólicos, y que además ese converso tenía una vasta preparación teológica y que era profesor de seminaristas, líderes y pastores evangélicos. Los periodistas involucrados descubrieron que este era el primer caso de éste tipo en Puerto Rico, pero también en Hispano América.

Sin embargo, lo que ese ministro y profesor evangélico quería dar a conocer se vio opacado por la reacción polarizada del público. Unos (católicos) celebraban lo que les parecía una victoria sobre los protestantes, otros (protestantes) se dedicaron a insultar al “apóstata” que les había abandonado para convertirse en papista; otros, tristes, se apenaban de la pérdida del alma de un amigo, profesor o compañero en el ministerio; otros (católicos, protestantes y seudo-religiosos), se preocuparon porque ese tipo de historias no debían trascender, pues la verdadera religión era aquella del no rompimiento, del “todos caben y que crean lo que les dé la gana”, del diálogo que siempre dice sí, mientras se obvian las creencias, valores y costumbres que definían “nuestro” ahora-caduco ideario religioso.

Pero, en realidad, muy pocos atendieron a la sustancia de lo que ese hombre dijo por televisión acerca de sus razones para haberse hecho católico romano.

¿Por qué se hizo católico?
Desde entonces, Fernando se ha dedicado a explicar sus razones. Su proclamación ahora responde siempre al gran tesoro que descubrió en la Iglesia Católica. No importa el tema de la ocasión, o si se trata de su testimonio, de una predicación, taller o curso, él siempre exalta la fe, doctrina, espiritualidad y moral católica.

El cuestionamiento principal en el proceso de conversión del reverendo Fernando Casanova fue la Eucaristía. No obstante, él es el primero en reconocer que hubo o tros temas importantes con los cuales tuvo que lidiar: la excelencia y el rol de la Virgen María en la historia de la salvación, el culto a la Virgen y a los santos, el primado de San Pedro, el papado, el bautismo de infantes y el sacramento de la Confesión. Siempre, sin excepción, encontró una respuesta contundente a favor de la Iglesia Católica Romana.

El Dr. Fernando Casanova reconoce que no siempre descubrió la Verdad católica por iniciativa propia, sino sin quererlo y sin procurarlo; de hecho, por mucho tiempo se resistió, pues no quería hacerse católico.

Hasta que se encontró retando al Señor sometiéndome, por ejemplo, al sacramento de la Reconciliación (Confesión), y predicando en su iglesia pentecostal sobre María y la Eucaristía, y negándose a bautizar al modo protestante, y rehusándose casar a católicos, y enseñando la versión católica de la teología a los seminaristas evangélicos… y un largo etcétera.

Como era de esperarse, una situación extraordinaria de conversión como ésta tuvo que ser muy difícil y dolorosa, sobre todo cuando se pierde el afecto de amigos y los hermanos en la fe, y cuando se sacrifica la vocación para la que se creía llamado por Dios, pero sobre todo cuando se perjudica el matrimonio porque el cónyuge no comprende por qué su esposo decide hacerse católico, con lo antipática que les solía parecer esa Iglesia y sus prácticas.

Los esposos Casanova sólo platican de estas dificultades cuando participan de actividades de evangelización y formación a las que son invitados. Este no es el lugar para versar sobre situaciones privadas tan neurálgicas.

Sin embargo, sí podemos aprovechar algunas líneas escritas por el Dr. Fernando Casanova sobre las razones bíblicas, teológicas y espirituales que tuvo para hacerse católico. A continuación presentamos un breve resumen de estas razones, que hemos tomado y adaptado de una conferencia que dictó Fernando en la XVI Convención de la Asociación Nacional de Sacerdotes Hispanos de los Estados Unidos, el 11 de octubre de 2005, en San Juan.

En esta conferencia se enfatizó el tema de la Eucaristía, que fue la cuestión más importante en la conversión de Fernando, y luego también de su esposa.

El pentecostalismo y yo
Fui criado en la tradición pentecostal. Nunca conocí otra experiencia de fe. No fue difícil para nuestra familia identificar esa fe evangélica y pentecostal como la causa de nuestra excitante vida espiritual, y como razón de nuestra grata convivencia familiar.

Estaba tan agradecido de Dios por el orden religioso en nuestras vidas, por las nuevas oportunidades que me regaló después de haber abandonado la fe de mis padres, viviendo por algún tiempo una vida juvenil desordenada, que decidí entregarme al Señor en cuerpo y alma. Pronto me sentí llamado por Dios a ser pastor. Respondí enseguida. ¡Qué mejor manera de vivir para mi Dios que trabajar para él!

Pero una vez involucrado en el ministerio se me develaron otras razones para querer procurar una vida espiritual cabal, más aferrada a la Escritura, dependiente de la perfecta voluntad de Dios y en sintonía con la Iglesia que él parecía haber establecido en el Nuevo Testamento. Es que tenía que haber algo más profundo, alternativo, en línea con la intención original de Jesús y en comunión con los primeros apóstoles y con aquella Iglesia primitiva de la que me creía heredero, pero de la cual me distanciaba la realidad que comencé a percibir cuando me inauguré como ministro y pastor.

Al principio me entusiasmé con las propiedades liberadoras de la religiosidad pentecostal, y me adherí a ella con todo el corazón. Cuando accedo al ministerio por convicción y vocación, me di cuenta de que arriba, en el liderato, y lejos de la buena fe del pueblo creyente, se encuentra una actitud generalizada de embaucamiento. De pronto, di al traste con la realidad: yo era parte de una ínfima minoría. Me relacioné con otros colegas que se daban cuenta de la corrupción y de la incongruencia con el evangelio de Jesús, con la idea paulina del ministerio cristiano (cf. 2 Co 11, 4 al 12, 21) y con la vida de la Iglesia primitiva (cf. Hch 2, 42.44; 5, 40; 9, 16; 14, 22; Col 1, 24), pero mis compañeros se conformaban. Tenían miedo. Les preocupaba más su propio bienestar y sus sueldos, y terminaban haciéndose cómplices de la religiosidad sensacional tipo espectáculo. Vi a muchos sucumbir a la fascinación de los predicadores que presentaban a la religión como un show para escapistas: una incubadora de sentimentalismo que atraía a embaucadores apegados al dinero fácil y a la fama. Estos personajes descollaban como súper apóstoles: “¡el hombre de Dios para este tiempo!” o “el Evangelista Internacional”, de los que se resguardaban al lado de un elegante escudo de armas circundado por las palabras “Mengano Ministries”, o detrás de vistosos letreros con la foto artística del pastor y su esposa.

Estos personajes carismáticos se iban constituyendo en los paradigmas del nuevo ministro pentecostal, un prototipo que yo no quería emular y que rechacé con todas mis fuerzas.

Profesor de teología en el seminario pentecostal
Se me ocurrió que podíamos volver a aquel primer cristianismo, genuino y martirial, que el movimiento pentecostal había tratado de revivir cien años atrás. Pensé que todo sería cuestión de buena educación teológica. Así que me fui al Colegio Bíblico Pentecostal a enseñar teología. Este era el Seminario de mi denominación y el único colegio bíblico acreditado fuera de los Estados Unidos continentales. Obtuve la Cátedra de Teología Sistemática que ostentó el Dr. Richard González por más de treinta años antes de retirarse. Me sentí optimista; sentía que podía hacer algo formando a los seminaristas que ejercerían el liderato pentecostal en el futuro.

Tomé mi nueva responsabilidad con pasión. Sin pausa enfaticé en la imperiosa necesidad de atender las incongruencias éticas y doctrinales. Lo único que me movió fue el convencimiento de que teníamos que actuar conforme a la Iglesia que descubrí en la Biblia; una Iglesia apostólica (Jn 15, 16; 20, 21; Lc 22, 29-30; Mt 16, 18; Jn 10, 16; Lc 22, 32 [Jn 21, 17]; Ef 4, 11; 1 Ti 3, 1.8; 5, 17), con autoridad (Mt 28, 18-20; Jn 20, 23; Lc 10, 16; Mt 28, 20), perpetua (Is 9, 6-7; Dan 2, 44; 7, 14; Lc 1, 32-33; Mt 7, 24; 13, 24-30; 16, 18; Jn 14, 16; Mt 28, 19-20, infalible (Jn 16, 13; 14, 26; 1 Ti 3, 15; 1 Jn 2, 27; Hch 15, 28; Mt 16, 19). Otra idea bíblica que me martillaba la cabeza constantemente era la unidad completa (espiritual y visible) de esa Iglesia (Jn 10, 16; 17, 17-23; Ef 4, 3-6 [cf 3, 21; 4, 14]; Rm 16, 17; 1 Co 1, 10; Flp 2, 2; Rm 12, 5; Col 3, 15). Y ni se diga la contrariedad que me quitó el sueño por mucho tiempo cuando me confronté con el testimonio acerca de la Iglesia Católica de los llamados Padres de la Iglesia, en los primeros siglos de la era cristiana: San Clemente Romano (97 d.C.), San Justino Mártir (155), San Ignacio de Antioquía (165), Tertuliano (197), San Cipriano (250) y San Agustín (397), entre otros.

Cuando constaté el fondo eclesial de la Biblia y del cristianismo primitivo, se me comenzó a aparecer la Iglesia Católica como la verdadera Iglesia de Jesucristo.

Mi optimismo inicial en el Colegio Bíblico se convirtió en una profunda tristeza. Sabía que era responsable del destino eterno de muchas almas. Sabía que un ministro mal formado o con distorsiones éticas era un peligro. La desilusión fue inminente; yo me mortificaba señalándole a todos lo que decía la Biblia, Jesucristo, sus apóstoles y los Padres de la Iglesia, y ellos insistían en suspirar por ministerios deslumbrantes, construcciones majestuosas y exposición en los medios.

Así que me concentré en la oración y el estudio profundo de la Biblia y la historia. En medio de esta búsqueda se hizo evidente que el problema radicaba, a la luz de la Iglesia que constatamos en la Biblia y los Padres, en cuál de las pretendidas iglesias se encontraba la plenitud de la gracia y del conocimiento divino (cf. Mt 28, 19-20; Jn 20, 30; Ga 1, 9; Ef 1, 22; 2, 21; 1 Ts 2, 7; 2 Ts 2, 15; 1 Ti 3, 15; y 1 Jn 2, 19; 4, 6).

La verdadera Iglesia de Jesucristo
Me mortificó ver que, a pesar de que Dios proveyó el Espíritu Santo para conducirnos a la verdad completa, al conocimiento pleno y a una relación de donación de sí mismo (Jn 16, 12-15 [Rm 8, 14-17.23-27]), lo que se podía verificar era una funesta realidad religiosa de división, de fragmentación y de oposición entre los seguidores de Jesús. Cada vez que me fijaba en el espectro religioso de nuestro entorno pentecostal para identificar una respuesta o clave de solución, se me hacía más evidente una escandalosa realidad de relativismo religioso por la división que acusaba a nuestro Señor de mentiroso, pues él había urgido y anunciado lo contrario de su Iglesia (Jn 17, 20-26; Hch 2, 42-43; 1 Co 1, 10; Ef 4, 1-6; Etc.). La realidad que tenía de frente me denunciaba a un montón de espíritus que aducían ser el Espíritu Santo, pero que referían a muchas verdades diversas y contradictorias entre sí. Tuve que reconocerlo: la división entre los cristianos no sólo atentaba contra la disposición eclesial de Jesús, sino que también era la causa principal de la incredulidad (Jn 17, 21.23).

Aquel mundo protestante y de sectas no podía ser la Iglesia que Cristo convocó para su gloria, para remitir a su reino y señalar su verdad (¡en singular!).

Estaba seguro de que Jesús no se había equivocado; de que había una sola verdad que conduce a un solo Señor, y de que para mayor gloria de Dios esta verdad debe ser transmitida sin ambigüedades por una sola Iglesia (Ef 3, 21; 4, 3-6.14-15). La evidencia bíblica, el sentido común y la historia me señalaban a la Iglesia Católica como la Iglesia de Jesucristo, la original y la única. De hecho, ningún protestante, por más anticatólico que fuese, podía negar que la Iglesia de Jesucristo que conocemos como Católica, se mantuvo constantemente diciendo y estableciendo la verdad; sobre la Trinidad (Nicea, 325), la personalidad divina de Cristo (Efeso, 431), la divinidad del Espíritu Santo (Constantinopla, 381) y hasta sobre el canon bíblico (Cartago, 493, y Roma, 497). En adición, todas estas verdades echaban por tierra la hipótesis anticatólica de la corrupción de la Iglesia por Constantino y el Edicto de Milán de 313. ¡Se suponía que la Iglesia Católica se hubiera corrompido en esa fecha!

Vez tras vez, evidencia tras evidencia, me indicaban una realidad que me obligó a reconocer que era muy probable que la Iglesia Católica fuera la iglesia de Jesucristo, y que era muy improbable que nuestras diversas iglesias (¡más de 30,000 en 1999!) fuesen esa única Iglesia del Señor, con todas las notas que correspondían al pueblo de Dios en el nuevo testamento.

No quería hacerme católico

Durante este proceso de conversión resistí al catolicismo con todo lo que tenía a mi alcance. Cuando la excelencia y la veracidad de su doctrina me alcanzaron por fin, es decir, cuando mis reservas de índole bíblico, teológico, histórico (en especial cuando caí en la cuenta de la existencia de una leyenda negra rabiosamente anticatólica) y espiritual (cuando entendí que la piedad católica, sobre todo la mariana, estaba cimentada en un sólido fundamento teológico que se gesticula y expresa a través del comportamiento y del lenguaje del amor, tal y como me conduzco cuando expreso con gestos y palabras controvertibles el amor y la pasión que siento por mi esposa [«soy sólo tuyo y de nadie más; te adoro, mi amor; eres la razón de mi vida», etc.]) se desvanecieron, opté entonces por hacerme de la vista larga y seguir sin hacer caso a la voz de mi conciencia y de mi razón: decidí continuar con mi ministerio, ocultando mis descubrimientos y tratando de demostrar que creía lo que predicaba y enseñaba. Siento mucho admitirlo, me da vergüenza, pero la verdad es que decidí actuar en adelante como un hipócrita. “No quiero hacerme católico, no me conviene, no me caen bien.”

Encuentro con la Eucaristía
Aceptando el reto lanzado por un fraile capuchino fui a ver una Hora Santa. El religioso me enteró de una comunidad “muy eucarística”, que tenían exposiciones del Santísimo programadas, y que se aprestaban esa misma noche a celebrar una adoración eucarística. Y me remitió a la parroquia Santa Bernardita, de Country Club, esa misma noche a las 7:30.

Quedé absorbido de inmediato por los detalles de ambientación y embellecimiento del altar, la ornamentación majestuosa del presbítero, una custodia hermosísima, incienso por el altar, luces de escenario, música sublime… y la disposición y devoción de aquellos fieles no tenían precedentes en mi memoria.

Hasta que caí en la cuenta de lo que hacían: ¡adoraban un trozo de pan!
Y para colmo el sacerdote le oraba con tanta seguridad y confianza, muy solemne, pero con familiaridad, similar a mis oraciones, pero él oraba con más convicción, como si de veras estuviera frente al Señor. Ese cura, y las cerca de 200 personas que le acompañaban, estaban convencidos de que lo que estaba colocado en la custodia los escuchaba, y de que era Jesucristo.

Se me ocurrió que si esas personas estaban equivocadas, y yo deseaba que lo estuvieran, entonces lo que me habían enseñado de niño era cierto a fin de cuentas: los católicos son idólatras. Durante algunos años me tuvieron a la defensiva con los temas y circunstancias que narraba al principio, pero ya no. Era imposible que estuvieran en lo correcto. Era increíble para mí que pensaran que adoran a Jesús y que se lo puedan comer.

Pero… y si están en lo correcto. El capuchino era un joven muy inteligente y creía sin ambigüedades en la antiquísima doctrina de su Iglesia al respecto.

No obstante, por alguna razón, sentía que ahora sí los había atrapado. Había analizado el punto de vista de la crítica protestante a la Iglesia Católica en este asunto y no le encontraba posibilidad a esa idea de la presencia real y verdadera del cuerpo y la sangre de Cristo en la misa, y mucho menos en los altares para culto de adoración. No podían tener la razón, ahora no.

De momento el sacerdote se levanta en procesión y comienza a ser seguido por sus acólitos. Tenía la custodia, la llevaba en solemne desfile. Las luces le seguían y el humo del incienso le precedía. A medida que se acercaba se escuchó el tintineo insistente de de unas campanitas. Y una vez más la excelente música y la voz bellísima de una joven se juntaron para cantarle a la presencia. Cuando tuve el Santísimo como a 10 pies de distancia se me ocurrió una idea para romper de una vez por todas con el catolicismo: “Si logro demostrar fuera de toda duda razonable, por la Biblia, que esta gente esta adorando a un trozo de harina cosida, y no a Jesucristo, entonces serán en realidad unos idólatras, unos alucinados que han estado confundidos o engañados por no atenerse a la realidad de los sentidos y por desconocer las escrituras. ¡Esto no está en la Biblia!”

Y retomé la Biblia para contradecir y desenmascarar la falsedad de esa práctica idolátrica. Mi temor se convirtió en un apabullante optimismo, pues estaba seguro de que había descubierto la puerta para salir del atolladero en el cual me tuvo el catolicismo por los pasados tres años. Tramé primero desbaratar la legitimidad de esa práctica mediante el estudio bíblico, y luego, con el entusiasmo de aquella indudable victoria sobre la idolatría católica, podría volver a encarar los otros temas que me tenían a la defensiva frente al catolicismo.

Esta coyuntura fue para mí la posibilidad de lograr al menos un empate: “Si los protestantes estamos mal, ellos también, y si ambos estamos equivocados alguna salida habrá, como el agnosticismo o incluso otra religión.” Así estaban las cosas en mi corazón.

La Eucaristía según los evangélicos
Yo enseñaba teología sistemática en dos instituciones evangélicas y había repasado bien la noción de la Santa Cena en el ámbito de nuestras iglesias. Nuestra celebración de la Santa Cena respondía a una idea accesoria (=adjunta, accidental) de una imagen secundaria (no esencial o determinante) del partimiento (o fracción) del pan o de la eucaristía, según la cultura religiosa que fluía en nuestra tradición de parte de los grupos wesleyanos y bautistas de los cuales salieron nuestras denominaciones pentecostales. En consonancia con nuestra parca y escueta doctrina sobre este tema enseñábamos que la Santa Cena (o partimiento del pan o Eucaristía) era una remembranza de la cena pascual que tuvo Jesús con sus discípulos, que tenía un valor simbólico que aludía al sacrificio expiatorio de Cristo y cuya excelsitud estribaba más en el hecho de ser ordenanza (“hagan esto en recuerdo mío”) que de todo lo demás que pudiera constatarse en la Biblia, los Padres de la Iglesia y hasta en las iglesias de la Reforma protestante: «Celebramos de vez en cuando la Santa Cena porque Él lo mando como un acto simbólico (complementario [no necesario] a la predicación) de la muerte del Señor y porque -y he aquí la gran aportación del pentecostalismo- era posible recibir

n milagro de sanidad en ese momento.

La Eucaristía según San Pablo Este profesor creía que el único texto eucarístico importante era 1 Co 11, 23-34, pero sobre todo los versículos 23 al 26; los demás (en especial del 27 al 34) eran consideraros como una explicación de las consecuencias de referirse al símbolo de la Cena sin gozar de la plenitud de la gracia divina. Para la celebración utilizábamos los versículos 23-26, y eran por lo tanto los que conocían nuestros fieles. Confieso que comencé a preocuparme cuando me percaté de la ineptitud de mi tradición, de los teólogos evangélicos y de mis primeros profesores pentecostales, al no tomar en consideración textos importantes con un inequívoco sabor eucarístico. Para comenzar, ni siquiera contábamos con una reflexión coherente de nuestros maestros y líderes con relación a las terribles consecuencias de enfermedad y muerte de 1 Co 11, 27-24 por causa del mal entendimiento de un símbolo, de algo que según nosotros era prescindible de la sustancia y la definición pentecostal del culto cristiano. Y otro tanto de desesperación me invadió cuando di al traste con la poca consideración que dábamos a los relatos de la institución de la Eucaristía (Mt 26, 26-29; Mc 14, 22-25; Lc 22, 19-20) ni de su sugestivo contexto pascual, ni de su trasfondo sacerdotal (Gn 14, 17-20) y soteriológico (Ex 12), y mucho menos nos habíamos enterado del consenso que siempre ha existido en la opinión de que Jn 6, 25-59 y Lc 24, 13-35 son textos eminentes que destacan un valor trascendental a la Eucaristía, o la Cena del Señor, o como hayamos querido llamarle.

Pero, en cuanto a nuestro pasaje preferido de 1 Co, lo increíble es que tampoco subrayáramos su contexto literario, imposibilitando de esta manera el descubrimiento de otros aspectos, riquezas y beneficios de la Eucaristía. Y este contexto literario que añade significado al mencionado texto es 1 Co 10. Este capítulo 10 sirve a la intención de Pablo de exigirle a sus lectores que frente a la mesa eucarística ellos tienen que decidirse (10, 20-21): la mesa del Señor o la mesa de los demonios. Con esto quiere matizar que frente a este acontecimiento cumbre del culto cristiano, todos tienen que tomar una decisión definitiva y radical. Luego, al combinarlo con el capítulo 11, pude comprender el valor de la Cena según San Pablo, al señalarla como signo de contradicción (en el capítulo 10): motivo excelente de conversión y razón de ser de una vida íntegra delante del Señor y de los hermanos, y esto, porque en este acontecimiento del partimiento del pan y de la “copa de bendición” tenemos comunión (común-unión) con el cuerpo y la sangre del Señor (10, 16).

Entonces pude ir sobre el capítulo 11, en especial por los versículos enigmáticos del 27 al 31. Tomemos el 29: dice que en esta Cena (que para mi era un recuerdo por referencia simbólica) se es juzgado por Dios si no se discierne el cuerpo y la sangre del Señor. Este no es el lugar para discurrir sobre disquisiciones exegéticas del texto en cuestión, pero la realidad es que “discernir” (diakríno) se refiere aquí a “darse cuenta” (determinar; decidirse por la realidad de lo que está de fondo; distinguir la verdad de lo que está frente a uno) de la presencia que subyace frente a uno en la mesa del Señor. En la antigüedad el cernidor (del verbo “cernir”) era un instrumento para separar (o para dis-cernir) el trigo de los demás componentes de la planta y de la tierra, pero también de otras plantas que podían confundirse como verdadero trigo. El discernir con el cernidor era la acción de darse cuenta, de identificar, de establecer un juicio certero de que lo que quedó después del ejercicio discernidor fue el trigo de verdad, lo que en realidad se buscaba, lo que importaba y daba sentido a la búsqueda. En otras palabras, el que no se da cuenta del verdadero cuerpo (mé diakrínon tó sóma [v. 28]) del Señor, el que no descubre esa realidad maravillosa que es Cristo mismo, se está metiendo en un grave problema que puede costarle la salud o la muerte (11, 30) . Ahora sí tenía sentido eso de las consecuencias nefastas de enfermedad y muerte para los profanadores, es decir, para aquellos que menospreciaban, que no distinguían, que no se decidían, que no se daban cuenta del auténtico cuerpo de Cristo. El Dios del nuevo testamento no iba a matar a alguien simplemente por haber mal interpretado un mero símbolo.

La Eucaristía según San Juan
Lo próximo fue el capítulo 6 de San Juan, versículos 22-71. ¡Increíble!: más de 40 versículos que versan sobre la Cena del Señor. Un pasaje bíblico impresionante que el catolicismo utiliza para sustentar su fe inamovible en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.

Las referencias anti-presencia real a las que había recurrido veían un sentido “oscuro” este capítulo, o sea, no evidente o claro, sino que la plática de Jesús a sus interlocutores incrédulos debía entenderse siempre en sentido figurado. Una vez más se recurría al símbolo, a la Eucaristía como una representación, sólo como una referencia pedagógica tipo metáfora y cuya observancia de nuestra parte (no muy frecuente, por cierto) mostraba el grado de cumplimiento de un deseo del Señor: “hagan esto”.

Pero ahora, yendo sobre el pasaje en cuestión y mientras me refería a la otra cara de la moneda, es decir, cuando decidí ir sobre las palabras, escudriñándolas y tomando en serio la repercusión de la intransigencia del Señor y del empecinamiento de San Juan evangelista, pude descubrir el verdadero sentido de Jn 6, 22-71.

1. Lo primero que me señaló una interpretación literal de Jn 6 fue el sentido natural y recurrente de las palabras del Señor a través de todo el capítulo, de manera insistente y sin importar la resistencia de los incrédulos, ni las consecuencias para el éxito numérico de su ministerio o la reacción de sus simpatizantes (cf, 6, 2-3. 14. 22-23. 60.): “yo soy el pan vivo bajado del cielo”, “quien come de este pan vivirá para siempre”, “y el pan que voy a dar es mi carne, la cual entregaré por la vida del mundo”, “mi carne es verdadera comida… mi sangre es verdadera bebida”, “el que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él”, “el que me coma vivirá por mí”, “si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre no tenéis vida en vosotros”, “el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”, etcétera. Esta obstinación, reiterada y con tanta fuerza, no sólo desde el punto de vista de la interacción de los personajes en cuestión, sino también desde la óptica del lenguaje tenaz, gráfico, directo y sin ambigüedad de ningún tipo, se hace patente aquí en Jn 6; no hay precedente que pueda sugerir que una narrativa y diálogo como estos aludan a un entendimiento exclusivamente simbólico.

2. Junto a este sentido natural y demandante que anuncia la significación literal del pasaje en cuestión, y que por lo tanto lo señala como evidencia de la presencia real de Cristo en la Santa Comunión, tenemos el hecho de que Jesús no corrige la interpretación literal de sus oyentes. Esto es importantísimo porque es harto conocido y aceptado que una característica de este evangelio es que cuando, o cada vez que el Señor es mal interpretado o mal entendido, Él siempre corrige. Siempre: 3, 5; 4,34; 7, 38-39; 21, 21-23 (y hasta en Mt 16, 6ss). Pero aquí, de manera atípica, y por lo tanto desconcertante para mí, El Jefe no corrigió, no se echó para atrás, no lo echó a votación ni les dijo que cada cual podía tener su propia idea o interpretación porque, total, somos hijos de un mismo Padre y le servimos a un mismo Dios. Algunos dirían: “¡qué falta de perspectiva democrática, y de pluralidad, y de diálogo, y de tolerancia!... ¡pero qué nivel de intransigencia, y de integrismo, y de arrogancia!... ¡no está a la altura de los tiempos, carece de enfoque histórico crítico, no es capaz de un discurso estructuralista consecuente con la mentalidad de los que no piensan como él! ¡Es un fundamentalista!” El Señor es un buen maestro y quiere que todos lleguen al conocimiento de la verdad, y por lo mismo, ahora, cuando tiene una multitud cautiva de 10 mil personas que lo seguían, se vuelve a ellos para decirles lo que él cree, lo que quiere, la verdad, de frente, duro, sin tapujos ni relativismos acomodaticios: tenían que comérselo y bebérselo.

3. Lo tercero que me señaló una interpretación literal de Jn 6 fue que no encontré en toda la Biblia algún precedente que exprese a pan y vino como símbolos de cuerpo y sangre. En efecto, lo pude corroborar: no existe ninguna referencia bíblica que proponga una comparación espacial semejante, no hay ni siquiera una sola identificación simbólica de pan y vino como cuerpo (“carne”) y sangre… ninguna, nada de nada.

4. Lo próximo fue el versículo 51b, que según la versión evangélica de mi Biblia Reina-Valera de 1995, decía: “y el pan que yo daré es mi carne, la cual entregaré por la vida del mundo”. Volví a leerlo. Lo meditaba y estudiaba, y pude así encontrar su repercusión literal o “literalista”, como señalábamos despectivamente a la versión católica, a tono con todo lo que ya había desenvuelto.

Sabemos que Juan tenía una lucha acérrima en contra del gnosticismo, una herejía que circundaba la comunidad para la cual escribía y que enseñaba, entre otras cosas peligrosas para la supervivencia de la fe cristiana, que Cristo había venido en apariencia, en espíritu, porque la carne era mala (la prisión del espíritu y del alma y la coartadora de la verdadera y más conveniente divinización, que era la meta de los aventajados por una condición inherente a su superioridad espiritual). Pensaban que el Verbo de Dios no pudo haberse manchado mediante el contacto con el principio de corruptibilidad, con la materia, con carne, en un cuerpo humano convencional, limitante, no divino. Por lo tanto, Cristo, como Verbo encarnado, no murió en la cruz. “Lo perfecto es eterno, espiritual, no corpóreo, no físico, no puede morir: Cristo no murió”. El apócrifo gnóstico de Tomás dice que el Señor les hizo pensar que murió, y que comía y dormía, pero él más bien los engañaba. No es difícil para ninguno de nosotros suponer el riesgo que esta corriente representaba si se infiltraba y repercutía en el cristianismo, sobre todo si entendemos a este último como la expresión de la verdad de Dios que deviene a partir de la versión judía de la revelación, y que logra su cumbre y sentido total en las personas y la palabra de Jesucristo, sus apóstoles y la Iglesia (el nuevo Israel). Es decir, que este “detalle” de la peligrosidad gnóstica es entendible para nosotros, los que aceptamos la naturaleza judeo-cristiana de la verdad que nos condiciona y define (revelación, alianza (pacto, testamento); encarnación (a propósito, ver alusión a la encarnación del verbo de 1, 14, en 6, 41-42, y cómo los judíos que resienten el lenguaje literal de Jesús son propuestos como no elegidos [v. 43]), vida, pasión, muerte y resurrección corporal de una persona 100 por ciento Dios y 100 por ciento humano), que todos tenemos acceso a los beneficios de Dios, en y por Cristo, y no solamente unos cuantos privilegiados y sabiondos de una cierta provisión misteriosa , como aducían los gnósticos.

Pues bien, la repercusión de Jn 6, 51b es que la carne que se nos dará para comer es la misma que padeció en el Gólgota. Y esto, teniendo presente la disyuntiva del evangelista con la herejía gnóstica. Juan estaba muy consciente de que la carne que daría Jesús para comer no podía ser mal entendida como algo etéreo e incorpóreo, y por lo tanto tan indeterminado como un fantasma. Juan, en línea con la predicación apostólica, pregonaba la vida humana, pasión, muerte y resurrección de un hombre de carne y hueso llamado Jesús de Nazaret. Ése mismo es el que se da como pan, se da a sí mismo, tal real y literal como lo tenía fijado Él. evangelista en su mente.

5. Lo siguiente que me señaló una interpretación literal de Jn 6, fue la imposibilidad de encontrar en la Biblia un precedente simbólico de comer la carne y beber la sangre que fuera coherente con el relato de Jn 6, 22-71, y que pudiera fundamentar una salida alegórica a este problema. Ya lo consideraba un gran problema y estaba muy asustado. «La verdad católica de nuevo»?.

Resultó que siempre que la Biblia habla simbólicamente de comerse la carne o beberse la sangre de alguien (cf. Is 49, 26; M 3, 3), implica perseguir sangrientamente o destruir a una persona o a un pueblo”. Si era consistente con este antecedente simbólico y lo aplicaba al pasaje de Jn, tendríamos al Señor diciendo que aquellos que lo persigan, castiguen, le falten el respeto, lo injurien y lo destruyan, serán recompensados con la vida eterna (viz., 6, 50. 54.), tendrán vida en ellos (v. 53), vivirán por el Señor (v. 57) y vivirán para siempre (v. 51. 58.). Sólo un loco podría aceptar una aplicación tan disparatada. Entonces, una identificación simbólica de las afirmaciones comer y beber carne y sangre, tal y como aparecen en Jn 6, es imposible.

6. Otro hallazgo que me señaló una interpretación literal de Jn 6, fue el cambio de verbo ocurrido en el versículo 54. Hasta el v. 53 el Señor habla de comérselo, y para ello Juan utiliza el verbo fagéin (afagon, fáge, fagete), que es la palabra más común para designar el acto de comer, como consumir o ingerir alimentos. Ustedes saben que el nuevo testamento se escribió en griego koiné, y que se trata de una lengua muerta que no guarda correspondencia exacta con los idiomas que han bebido de él, como el español, por ejemplo. Pues lo que pasa aquí es que no hay un conseguimiento preciso de este cambio de conceptos, y por eso no aparece dicho cambio en nuestras versiones modernas. Sin embargo, se da un cambio significativo.

Verán:
Fue en el instante más neurálgico de la discusión, cuando lo judíos lo impugnaban -¡por última vez en el capítulo!- preguntándose “¿cómo puede éste darnos a comer su carne?, que El Jefe cambia la palabra comer, de fagéin y sus derivados, a trógon (ho trógon mou tén sarka), lo cual implica una matización mucho más radical aún que señala indudablemente un sentido literal franco e indefectible. No me quedó más remedio que reconocer la verdad que tenía de frente: Ahora, en este preciso momento de incredulidad y de minusvalía de parte de los judíos hacia Jesús, este se atreve a cambiar, de comer o ingerir su carne, a morder, mordisquear, mascar, mascullar, roer; denota un proceso lento de carcomer, supone un énfasis perentorio en el acto de comer, como si se estuviera avanzando conscientemente en la ingestión inflexible de un alimento.

Busqué si se repetía el término en este evangelio y lo encontré en 13, 18, una vez más, en contexto eucarístico, mientras se efectuaba la última cena de Jesús con sus discípulos.

Supe que me estaba metiendo en un problema. La Eucaristía como símbolo no tenía fundamento en Jn 6.

7. Y se me hizo patente cuando me aferré a cierta idea de los partidarios de la interpretación simbólica de Jn 6. Me sentí tan ridículo cuando descubrí la idiotez de esa posibilidad simbólica de cierto versículo del capítulo 6 de San Juan.

¿Y cuál era el argumento que presentaba a la Eucaristía como símbolo en jn 6? Pues el versículo 63: “El espíritu es el que da vida; la carne no sirve de nada”.

Desconcertante, ¿ah? ¿Con que el Señor ha estado diciendo que su carne y su sangre son para vida eterna y comunión con el Padre y con él, y ahora se contradice para significar que su “carne no sirve de nada”?Es insólito hasta dónde son capaces de llegar algunos para defender lo indefendible, porque cuando empecé a auscultar la opinión de algunos colegas ministros me respondían con el argumento de Zwinglio, ese de que Jesús se contradecía para decir que la carne que padecerá por nosotros y por la cual seremos alimentados para vida eterna, no vale nada, es nada, como basura, igualito que los gnósticos. Entonces aquella herejía era la verdad, si es que son consecuentes en su interpretación y continúan con la misma apreciación de la frase “El espíritu es el que da vida”. Esto sería incluso un intento atroz de preferir una noción heterodoxa y por lo tanto dañina, con tal de menguar un principio de literalidad como sentido correcto de un texto bíblico por el simple hecho de que no me conviene, o porque se supone que los católicos siempre estén mal.

Ya me había metido bastante con el evangelio de Juan y sabía a qué se refería el Señor en el versículo 63.

Las palabras en cuestión se refieren a uno de dos sentidos por los cuales Juan usa sarx (carne): como sinónimo de mentalidad o actitud carnal, como una mente dominada por las cosas materiales, que juzga según los sentidos (cf., 8, 15). Esos sentidos que esbozábamos como lo concluyente en materia de la presencia real y la Eucaristía?, que se aferra a lo natural y por lo tanto no descubre la verdad espiritual que determina los asuntos divinos. Por eso, lo que se desvela aquí es más bien otra prueba de la noción literal de presencia real, y así lo remacha sin duda el final del versículo 63: “Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida.” O sea, las palabras del Señor con relación al pan de vida expresan una realidad divina que sólo el Espíritu es capaz de hacernos comprender y que por lo mismo es brote de vida eterna para los creyentes (cf., Jn 1, 33; 14, 26).

Tuve que reconocer que este acontecimiento que ha celebrado la Iglesia Católica por 2,000 años, con tanta fe y a un costo tan alto, supone una poderosa presencia especial de Dios. Una presencia que tiene que producir una excelente oportunidad de conversión. Esta oportunidad que provee Dios en la Eucaristía se constituyó para mí en una fuente reconciliación y de liberación también.

Y de esta manera tuve que actuar de acuerdo a mi conciencia, convencido y poseído de esta gran verdad de la Iglesia del Señor: una, santa, católica y apostólica. No me quedó más remedio. Tuve que renunciar a mi ministerio. Sufrí mucho.

Otras cuestiones
Otros temas con los cuales tuve que lidiar fueron: la excelencia de la Virgen María y la importancia de su rol en la historia de la salvación, el culto a Santa María y a los santos, el primado de san Pedro y la institución del papado, el bautismo de infantes y el sacramento de la Confesión. Siempre, sin excepción, encontré una respuesta contundente a favor de la Iglesia Católica Romana.

Aunque tengo que reconocer que no siempre descubrí la Verdad católica por iniciativa mía, sino sin quererlo; de hecho, por mucho tiempo me resistí, pues no quería hacerme católico.

Hasta que me encontré retando al Señor sometiéndome, por ejemplo, al sacramento de la Reconciliación (Confesión), y predicando en mi iglesia pentecostal, y en otras que me invitaban como evangelista, sobre la Virgen María, y negándome a rebautizar al modo protestante, y enseñando la versión católica de la teología a nuestros seminaristas evangélicos, y un largo etcétera.

Un alto costo
Sobre los inconvenientes y las crisis vocacionales, familiares y económicas sólo las platico con las comunidades que nos invitan. Pero no debe ser difícil para nadie imaginar lo mucho que tuvimos que sufrir.

Y aquí me encuentro ahora, en la Iglesia de Jesucristo. Yo hubiera preferido otro método, pero el Señor lo dispuso así. Hay cosas que nunca comprenderé del todo. ¿Por qué señaló a Pedro como el primero? Juan era mejor. ¿Por qué escogió a Judas Iscariote como tesorero? De seguro Mateo le hubiese resultado mejor, pues había sido CPA del Imperio (publicano). ¿Por qué no hizo que la Biblia fuese suficiente? ¿Por qué no se limitó a poner sólo gente santa, perfecta, casta y pura en Iglesia Católica para hacerme el trago menos amargo? ¿Por qué permitió que yo sufriera la afrenta y el escarnio público por hacerme católico, si pudo haberme hecho nacer en esta Iglesia y ahorrarme problemas? Total, lo que él quería conmigo lo pudo haber realizado comoquiera.

Sólo se me ocurre una explicación para todo esto: ¡ÉL ES EL SEÑOR

TARDE PERO SEGURO, AQUI ESTA EL MIO

TESTIGO DE JEHOVÁ, EVANGÉLICO AHORA FERVIENTE CATÓLICO:


Mi nombre es Christopher Antonio Rojas Vásquez y tengo 19 años, y soy de Belén, Costa Rica.

Como todos en este subforo yo también voy a contarles mi testimonio, uno más dirán todos, jaja, si, un hijo pródigo más.

Pues bueno, todo eso pasó a principios de año, a mis 17. Llevaba una vida normal por fuera, iba bien en el colegio, tenia a mis amigos y todo ^^, es decir lo normal. Luego habia conocido a una chica que era amiga de otra chica y la otra chica era la que me gustaba (confuso xD), pues tuve buena amistad con ésta chica (la que me ayudaba a llegarle a la otra) además de que era la mejor amiga (solemne ventaja e influencia jaja). Esta amiga es tj, vió que yo era muy interesado en las cosas de Dios y me dijo que estudiaramos la biblia... típico...

Ahora, dije que llevaba una vida normal por fuera, pero por dentro... pues... no andaba muy bien que digamos. ¿Y que es tener todo lo que llaman normal, si espiritualmente te sientes vacío?, eso era lo que pasaba conmigo, no me sentía bien y tenia un concepto de Dios, no una experiencia, como dicen, un vacío espiritual.

Continuando..., comencé a ir a la casa de esa chica todos los sábados, nos habíamos puesto de acuerdo, llegaba como a la 1 de la tarde y salia a las 5 o 6 de la tarde, así fue por dos meses. En los dos primeros sábados era hablando con ella, y yo ya habia dejado de opinar, ahora era un simple oyente, en el tercer sábado, era con las dos, madre e hija, luego el papá y así con toda la familia jeje.
En el cuarto sábado me invitan a las reuniones que hacen ellos los sábados, sip, ellos celebran sábado, luego a la asamblea nacional, esas asambleas son sólo de testigos pero me invitaron y siempre fuí.

Ya estaba convencido en ser testigo y decidido en decircelo a mi familia. Cuando se los comuniqué obviamente que la reacción fue nada agradable todo esto lo había hecho en el absoluto secreto. Mis papás preocupados, hablan con el párroco de la comunidad y me llevan donde un sacerdote misionero comboniano, muy estudiado por cierto, lo conozco como el Padre Mosqueta. Con él me centré en un solo tema, la Divinidad de Cristo, porque cabe recordar, que los testigos no creen en la Divinidad de Cristo ni en el Espíritu Santo como persona, además de la biblia mutilada que ellos tienen.

Pasamos 5 horas hablando y en cada tema que proponía era botado facilmente, obvio, mi experiencua teológica era pobre, estaba basandome en un “teología” sin fundamento alguno, por lo tanto, no iba a conceguir mi cometido. Al finalizar el día, mi madre esperando afuera, habia terminado convencido (vale que le costó al padre hacerme entender, por lo terco que soy jaja) de que el Señor es Dios, pero... (como siempre, un pero) yo ya tenía sembrada mis diferencias con la Iglesia, y en esto no tomé el tema con él.

Ya me había yo alejado de aquella chica, pero seguía sintiendome vacío, ni las oraciones, ni la misa, nada, nada me llenaba, y no puedo decir que era por ignorancia, porque conocía el significado de las cosas, sabia lo que hacía, pero me sentía mal, como que no tenía esa chispa que me encendiera o como si tuviera una venda en los ojos y no me hiciera entender el tesoro que estaba desperdiciando.

Aunque no lo crean, esto estaba apenas comenzando... Mi mamá al verme así (no se como hacen las madres, pero siempre se dan cuenta de todo) fué a una librería “católica” (si, entre comillas, porque ¿cómo es posible que una librería que se hace llamar católica tenga literatura protestante?) y me compró dos libros, seguro se confundió o los compró por el nombre, uno era las lamentaciones de jeremías de la editorial san Pablo, y el otro... Buenos Dias Espíritu Santo del pastor Benny Hinn.
Comenzé a leer el libro, ya que me gusta leer jeje, y todo ese libro narra la converción de Benny de católico ortodoxo a católico y luego a evangélico, pasando primero por los Metodistas en un culto celebrado por Kathryn Kuhlman. Lo que me llamó más la atención fué lo que narra Benny cuando fue a un culto por primera vez: él estando allí, cuando estaban con las canciones y alabanzas, siente una electricidad que comienza a atavezarle todo el cuerpo desde las manos hasta los pies, y cuenta que le daban más ganas de orar, cantar y alabar a Dios. Claro!! con el vacío que tenía, como no me iba a llamar la atención esto y yo de inocente quedé impresionado, ya tenía ganas de ir a un culto para sentir eso que hablaba Benny en su libro. Pues se acercaba el 15 de Agosto, ,celebración de la asunción de la Virgen María al cielo, un domingo antes, habia llegado el obispo a celebrar en la diaconía donde vivo, y le hablé algo relacionado a esto, el me dijo que no tenía que fijarme en el sentimentalismo, que la fe no es sentir (obviamente que no le hablé del libro, mi intención era ver que decía...) sino que es actuar, me puso de ejemplo a la Virgen, que tanto tiempo estuvo con su hijo, lo que sufrió y todo y que no necesitaba sentir, pero yo ya tenia otro mundo fijado en mi cabeza... Luego llega el 15 de Agosto, fuí a misa, luego de eso, tenia una formación que recibían los miembros del equipo de liturgia, ya que yo era lector desde los 13, le pregunté que en que parte decía en la Biblia que la Virgen había ascendido al cielo, y él sinceramente me dijo que en ninguna, sino que es parte de la Tradición y que la biblia es palabra de Dios no de la Virgen, que yo no podía esperar que en ella me dijera todo. Pues bueno, esto no me convenció y fue pretexto para separarme de la Iglesia formalmente... si, tuve el valor de ir a la casa cural y decirle al párroco que me iba de la Iglesia... eso si, mi familia no se daba cuenta...

Le dije a mi mejor amigo que me llevara al culto juvenil, que tenia ganas de ir, él en los años que llevabamos conociendonos, nunca me habia pedido que lo acompañara o cuestionado mi fe, tenia un respeto grande a lo que yo creía... él aceptó y me llevó a el culto juvenil...

Estando en ese culto pasó algo que me dejó sorprendido, en el momento de la música, el pastor nos pide que pasemos todos los jóvenes que quieran al frente a que nos impongan las manos en grupo, y oraran por nosotros, el pastor comenzó a decir que nos cubriera el Espíritu Santo (frase característica entre los evangélicos) y sentí lo mismo exactamente igual según lo describía el libro, la electricidad... todo...

Era de pensar obviamente que con el vacío que tenía y el deseo de encontrar algo que me llenara ese vacío, terminé cayendo en la iglesia evagélica, sin la necesidad de que me predicaran nada, solo buscando supuestamente a Jesús.

Apenas entré comencé mis estudios de teología, lo llevé en mi casa de forma autodidacta, y sólo llegaba como a una tutoria cada cierto tiempo, eso sí, me trajo concecuencias... era tanta la obseción que el colegio lo habia dejado de lado, las notas cayeron al suelo y sinceramente pasé de milagro el año, del profesor de química me dio los dos porcentuales para pasar...

En la iglesia era conciderado maestro... y tambien predicaba, pues bueno, estaba subiendo muy rápido y estaba pensando en hacerme pastor, hice los exámenes por suficiencia y los había pasado todos, el problema era mi familia, la habia dividido en dos porque yo fui solo quien me convertí, tambien por mi fanatismo habia perdido a toda la gente que quería, las habia alejado por mi falsa santidad... o mas bien mi arrogancia y falta de humildad...

Tenía doble cara... en la iglesia era una cosa y en mi casa otra, ya que me llevaban la contraria y obviamente eso no me gustaba, era una discución diaria, aparte del colegio... lo llevaba en el suelo...

No quiero dar a entender que los protestantes son así, yo era el que era así, mi mejor amigo nunca me dijo que fuera ni nada, yo fui el que fui y le dije, él siempre me respetó mi fe, yo fui el majadero.
Pues bien, así pasé hasta en noviembre, estaba leyendome de nuevo la biblia cuando de repente pasé por el versículo que más me gustaba, más bien, el capítulo que mas me gustaba, es 1 Corintios 13. Cuando leí el versículo 13, quedé helado...

Según había estudiado de la doctrina protestante, la persona se salvaba por la sola fe, sin obras, pues este versículo me decía a mi que la caridad es mas importante que la fe. Luego en el libro de Santiago que decía que la fe sin obras esta muerta y luego en gálatas que pablo decía que hay que hacer obras de amor... obviamente que Pablo hablaba de caridad.

Pues la relacioné y me dije: entonces la salvación se concigue por fe y obras de amor, envíe esta resolución a un teologo protestante español y el me dijo que no, que no era así. Pero bueno, la Escritura era mas clara que el agua, y decía eso claramente, luego fui a donde el pastor de jóvenes y al pastor jefe y tuvimos un buen dialogo discución... una semana después me habían mandado una carta y con lo que decía, no tenía ya iglesia...

Pasé diciembre sin iglesia alguna y decepcionado, obviamente, luego me metí para leer sobre esa electricidad, y me di cuenta que ese éxtasis es 100% natural provocado por uno mismo, es como si uno se drogara con ire... pues mas mal no me podía sentir.

Después de navidad, me había acordado que el profesor de Sociales del colegio me había mandado un e-mail y me habia dicho que lo leyera, nunca le presté atención, pues bueno, decidí leerlo y trataba de un tal Fernando Casanova, venía un link de su página web y entré a mirar.

Leí su testimonio, leí sus razones, leí las citas que mensionaba (parecía menso con la boca abierta leyendo cada cosa) y estaba sorprendido, pero sin estar 100% convencido, comencé a leer mas testimonio de exprotestantes, me leí el de Carlos Caso-Rosendi un ex-tj, luego el de un exateo y alguien que primero era evagélico, luego ortodoxo y por último católico, y me di cuenta de muchas cosas, como por ejemplo, muchas iglesias evagélicas, una sola iglesia católica, la salvacion por fe y obras, datos históricos, san Justino Martir explicando la forma como celebraban los antiguos cristianos (es decir, la misa practicamente), el primado de Pedro, y las que más me costaron digerir, la Sagrada Tradición y la Virgen María, si, si uno no entiende primero la Tradición, no entenderá lo referente con la Santísima Virgen.

Pues me sentía contento pero a la vez mal, por mi familia y mi gente, tuve que pedirles perdon a cada uno y tambien al sacerdote, ya que hablé mal de él. Luego pedí entrar al equipo de lectores de la diaconía de nuevo y me metieron de inmediato, de inmediato me habían asignado leer la segunda lectura, cuando fuí a misa, subí al anvon y cuando ví la lectura que tenia que leer (jeje, si, no practiqué ese día) casi me dieron ganas de llorar, era el capítulo 13 de 1 Corintios, lo leí con las ganas del mundo, luego fuí a donde mi padrino de confirma, que es sacerdote y siempre había admirado su espiritualidad, fuí un jueves porque los jueves era ora santa y me gusta mucho como la preside él, estando incado y adorando al Santísimo, era de noche y hacía un buen frío en Alajuela, sentí una suave brisa y un calor que me dominaba y lo asocié con el Espíritu Santo, esa electricidad que había sentido antes, nunca más la volví a sentir, y esa calor y esa brisa que sentí ese día, cada ves que lo recuerdo, es como si lo volviera a sentir de nuevo, y di gracias a Dios, por haber vuelto.

Bueno, ese es mi testimonio, llevo dos años de estar en este foro y nunca lo habia publicado, menos animado a escribirlo, pero decidí hacerlo y ponerlo aquí, a alguien le servirá, no sé sinceramente, pero bueno, es bonito saber que me siento seguro ahora dentro de la Iglesia, y siento un respaldo tan sólido!! ustedes saben lo que se siente sinceramente. Yo entré a este foro apenas había entrado de nuevo a la Iglesia y leí mucho en la parte de apologética, y muchas gracias a todos los foristas que participaban en ese entonces por ahí, me ayudaron a lo grande y me afianzaron más en la fe.







MI TESTIMONIO!! UN POCO LARGO...

Hola!!, primero que todo mi nombre es Mireily, tengo 19 años y soy de Puerto Rico. Nací en una familia Católica por tradición, a mis 9 años comenzé a tomar mis clases de primera comunión mas por motivos de enfermedad nunca las termine, Dios sabe como hace las cosas. Viví sin saber nada de la Iglesia, me creia las cosas que me decian otros no-catolicos, pero apesar de eso, siempre tuve un amor especial a María y al Divino Niño Jesus. Me creia cosas como que Maria tuvo otros hijos.....la misa me aburria y si hiba una vez al año con mi familia era mucho....

Cuando cumplí los 16 paso algo q cambio mi vida para siempre, mi abuelo materno se suicido aqui en mi hogar por razones que hasta el dia de hoy desconocemos. Ese día yo senti la presencia del maligno!, senti mi casa muy intraquila, no podiamos dormir, sentia escalofrios....Mandamos a bendecir la casa e hicimos los novenarios por el alma de mi abuelo....Tengo familia adventista, mi abuela tomaba unas revista que mi tia le enviaba, contestaba las preguntas de ahi y le daban certificados por eso. Ellos me ofrecieron tomar las clases y pensando que hiba hacer asi acepte con una amiga mia. La cosa no fue asi, mi tia trajo al pastor y comenzaron a traerme una biblia con comentarios escritos como "somos la unica verdadera iglesia de cristo pq guardamos las mandamientos" etc. Pronto comenzaron las discuciones, yo siempre he creido en el alma inmortal y ellos no, le preguntabamos cosas que siempre se quedan sin contestar pq me evadian las respuesta, discutiamos por el bautismo de niños y yo le creia lo que el decia pq el hiba hacer sacerdote pero "Dios lo libro" luego de esto, me comenzaron a confundirme. Comenze a sentirme culpable si hacia algo sabado, culpable por comer "sandwich de jamon de cerdo" comenze a odiar las imagenes, incluso mi image del Divino Niño la saque de mi vista. Comenze por no decir el avemaria, si hiba a una iglesia catolica pensaba que todos eran idolatras por tan solo mirar una imagen..... Un dia me invitaron a una conferencia de ellos titulada " Descubriendo la verdad" y toda la conferecia fue de hablar que la Iglesia Catolica era la ramera del apocalipis y el papa el anticristo. Esto a mi me hirbió la sangre y llegue llorando a mi casa pensando que hacer si era verdad lo que me decian o no y le pedi a Dios que me pusiera en el camino correcto y asi lo hizo.


El pastor se regreso del pais donde ra, vino otro que era psicologo pero de la nada nunca volvio no se porque, incluso me ve y ni me mira. Mi maestra de escuela superior nos envio a hacer una labor comunitaria y pense hacerlo en la Iglesia donde mi hermana tomaba la primera comunión.... la iglesia que tanto criticaba pq habia gente hipocrita... la que me nego darme las clases de primera comunion, fui su ayudante de catequista... las vuelta q dan la vida verdad?. Ella me refirio un programa de adultos en el pueblo donde vivo que habia comenzado ese mismo año para tomar los 3 sacramentos de iniciacion de vida cristiana, fui pero como no tenia 18 tuve q esperar un año...Cuando comenze el programa todo cambio... Comenze a ver todo distinto, a prender a querer a la iglesia, aqui ya no tenia q ue hacer preguntas pq ellas se contestaban sola, comenze a ver que todo lo que los adventista me enseñaron era uy diferente.

Hice mis sacramentos y senti por primera vez la comunion fue algo especil, confesarme por primera vez fue una experiencia hermosa, sentir como mi alma se vaciaba, Senti como Dios m hablaba atraves del sacerdote, jamas nadia me habia hablado de esa manera, senti ese dia que Dios me llamaba y me perdonaba y queria que me dedicara a el. Una vez tuve una experiencia hermosa en una misa, a la hora de la consagracion del vino y del pan, senti como un fuego llenaba mic orazon y ardia y comenze a llorar de la emocion.... nunca habia sentido algo asi. Desde ahora siento como hablo a Dios y lo veo actuar en mi vida y en la de otros pero tambien he recibido insultos por ser catolica. Tengo que aguartarme que me envien videos mis amigos pentecostales, tuve q soportar insultos por amistades evangelicas por decir que Martin Lutero no es mi heroe, oir que si los catolic mataron a Cristo, que los catolicos nos creemos la gran cosa, que es falso nuestro dialogo ecumenico, que si nuestro rosario no sirve etc.... pero cuando me dice eso me siento orgullosa de ser Catolica y lo digo con gusto donde sea!!! yo no me averguenzo, por eso aprendo cada dia amar a Cristo- Eucaristia, amar a su Iglesia, aprender a defender mi fe de mis hermanos, a enseñarles tanto como a catolicos que no saben nada de la Iglesia, como a mis mistades protestantes y pedir por su unidad con nuestra Iglesia y servirle a Dios de catequista en el programa donde tome los sacramentos, asi ayudando a jovenes y adultos que como yo pasan y pasaron por esto.


Espero no haberlos aburrido, perdonen que sea largo pero me tenia que desahogar lo que me paso. Cadia dia que aprendo de estos hermanos me decepciono mas de ellos... no saben lo que se pierde en la unica Iglesia fundada por Cristo. Dios los bendiga muchoo!!! y María los protega siempre.


¡Dios les Bendiga!


Fuente:

http://www.es.catholic.net/foros/index.php